Mateo 5,1-12ª (4 Tiempo ordinario – A)
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña,
se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
"Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los
cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los
sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y
sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los
misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz,
porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa
de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros
cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el
cielo."
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José Antonio Pagola
ESCUCHAR DE CERCA LAS BIENAVENTURANZAS
Cuando Jesús sube a la
montaña y se sienta para anunciar las bienaventuranzas, hay un gentío en aquel
entorno, pero solo «los discípulos se acercan» a él para escuchar mejor su
mensaje. ¿Qué escuchamos hoy los discípulos de Jesús si nos acercamos a él?
Dichosos «los pobres
de espíritu», los que saben vivir con poco, confiando siempre en Dios. Dichosa
una Iglesia con alma de pobre porque tendrá menos problemas, estará más atenta
a los necesitados y vivirá el evangelio con más libertad. De ella es el reino
de Dios.
Dichosos «los
sufridos», los que viven con corazón benévolo y clemente. Dichosa una Iglesia
llena de mansedumbre. Será un regalo para este mundo lleno de violencia. Ella
heredará la tierra prometida.
Dichosos «los que
lloran», porque padecen injustamente sufrimientos y marginación. Con ellos se
puede crear un mundo mejor y más digno. Dichosa la Iglesia que sufre por ser
fiel a Jesús. Un día será consolada por Dios.
Dichosos «los que
tienen hambre y sed de justicia», los que no han perdido el deseo de ser más
justos ni el afán de hacer un mundo más digno. Dichosa la Iglesia que busca con
pasión el reino de Dios y su justicia. En ella alentará lo mejor del espíritu humano.
Un día su anhelo será saciado.
Dichosos «los
misericordiosos» que actúan, trabajan y viven movidos por la compasión. Son los
que, en la tierra, más se parecen al Padre del cielo. Dichosa la Iglesia a la
que Dios le arranca el corazón de piedra y le da un corazón de carne. Ella
alcanzará misericordia.
Dichosos «los que
trabajan por la paz» con paciencia y fe, buscando el bien para todos. Dichosa
la Iglesia que introduce en el mundo paz y no discordia, reconciliación y no
enfrentamiento. Ella será «hija de Dios».
Dichosos los que,
«perseguidos a causa de la justicia», responden con mansedumbre a las
injusticias y ofensas. Ellos nos ayudan a vencer el mal con el bien. Dichosa la
Iglesia perseguida por seguir a Jesús. De ella es el reino de Dios.