26/5/13

En medio de la crisís



Lucas 9, 11b-17

Pero la gente se dio cuenta y lo siguió. Jesús los acogió, les habló del reino de Dios y curó a los enfermos.

Al comenzar a declinar el día, los Doce se acercaron a Jesús y le dijeron:

— Despide a toda esa gente para que vayan a las aldeas y caseríos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en despoblado.

Jesús les contestó:

— Dadles de comer vosotros mismos.

Ellos replicaron:

— Nosotros no tenemos más que cinco panes y dos peces, a menos que vayamos y compremos comida para toda esta gente.

Eran unos cinco mil hombres. Jesús dijo a sus discípulos:

— Haced que se recuesten en grupos como de cincuenta personas.

Ellos siguieron sus instrucciones, y toda la gente se recostó. Luego Jesús tomó los cinco panes y los dos peces y, mirando al cielo, los bendijo, los partió y se los fue dando a sus discípulos para que los distribuyeran entre la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y todavía se recogieron doce cestos llenos de trozos sobrantes.
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Comentarios: José Antonio Pagola

La crisis económica va a ser larga y dura. No nos hemos de engañar. No podremos mirar a otro lado. En nuestro entorno más o menos cercano nos iremos encontrando con familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas de desahucio, vecinos golpeados por el paro, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación.

          Nadie sabe muy bien cómo irá reaccionando la sociedad. Sin duda, irá creciendo la impotencia, la rabia y la desmoralización de muchos. Es previsible que aumenten los conflictos y la delincuencia. Es fácil que crezca el egoísmo y la obsesión por la propia seguridad.

          Pero también es posible que vaya creciendo la solidaridad. La crisis nos puede hacer más humanos. Nos puede enseñar a compartir más lo que tenemos y no necesitamos. Se pueden estrechar los lazos y la mutua ayuda dentro de las familias. Puede crecer nuestra sensibilidad hacia los más necesitados. Seremos más pobres, pero podemos ser más humanos.
          En medio de la crisis, también nuestras comunidades cristianas pueden crecer en amor fraterno. Es el momento de descubrir que no es posible seguir a Jesús y colaborar en el proyecto humanizador del Padre sin trabajar por una sociedad más justa y menos corrupta, más solidaria y menos egoísta, más responsable y menos frívola y consumista.
          Es también el momento de recuperar la fuerza humanizadora que se encierra en la eucaristía cuando es vivida como una experiencia de amor confesado y compartido. El encuentro de los cristianos, reunidos cada domingo en torno a Jesús, ha de convertirse en un lugar de concienciación y de impulso de solidaridad práctica.
          La crisis puede sacudir nuestra rutina y mediocridad. No podemos comulgar con Cristo en la intimidad de nuestro corazón sin comulgar con los hermanos que sufren. No podemos compartir el pan eucarístico ignorando el hambre de millones de seres humanos privados de pan y de justicia. Es una burla darnos la paz unos a otros olvidando a los que van quedando excluidos socialmente.
          La celebración de la eucaristía nos ha de ayudar a abrir los ojos para descubrir a quiénes hemos de defender, apoyar y ayudar en estos momentos. Nos ha de despertar de la “ilusión de inocencia” que nos permite vivir tranquilos, para movernos y luchar solo cuando vemos en peligro nuestros intereses. Vivida cada domingo con fe, nos puede hacer más humanos y mejores seguidores de Jesús. Nos puede ayudar a vivir la crisis con lucidez cristiana, sin perder la dignidad ni la esperanza.

 

20/5/13

MISTERIO DE BONDAD

 Juan 16, 12-15

Tendría que deciros muchas cosas más, pero no podríais entenderlas ahora.  
Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará para que podáis entender la verdad completa. 
No hablará por su propia cuenta, sino que dirá únicamente lo que ha oído y os anunciará las cosas que han de suceder.  
Él me honrará a mí, porque todo lo que os dé a conocer lo recibirá de mí.  
Todo lo que el Padre tiene es también mío; por eso os he dicho que “todo lo que el Espíritu os dé a conocer, lo recibirá de mí”.
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Comentarios: Jose Antonio Pagola

    A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.
          A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.
          Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.
          Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.
          Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.
          Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.
          Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.
José Antonio Pagola
 

17/5/13

MI CAMINAR EN BUSCA DE LA FE


Soy una mujer mayor y todos los días pienso...
"¡Tendría que contar mi caminar en busca de la Fe!"
Soy muy tímida y me pongo muy nerviosa para hablar
en público; por eso voy a intentar contaros los pasos
que he ido dando.
Siempre he creído en Dios y en la Virgen, pero la
mentalidad y costumbres de aquellos  tiempos, te
daban a conocer a un Dios que "todo era pecado".
De pequeña, fui a la catequesis para que me
prepararan para hacer la comunión, me tuve que
aprender todos los mandamientos, los sacramentos,
los pecados mortales...,etc. Bueno, un sinfín de cosas,
que las hacia, pero que no me trascendían nada.
Me casé por la Iglesia; he bautizado a mis hijos...
Pienso y me digo: "Soy creyente, pero he pasado
muchos años sin darme cuenta de que, ese Dios
Padre, estaba siempre a mi lado y yo no lo conocía".
Un día,  me dijo una vecina: "Ven con nosotros, que
nos reunimos un día a la semana un grupito de mujeres,
con un sacerdote que nos habla de Jesús, el hijo de Dios".
Fui a esa reunión por puro compromiso con esa vecina.
No tenía ganas de ir, pero os diré que desde ese día,
todo ha sido "ver luces nuevas" que yo no las veía antes; conocer toda la vida de Jesús haciendo el bien a toda
persona que se encontraba en su camino, con una gran humildad, ayudando a las gentes. Y este Jesús es el que
me ha llevado a conocer el 
“Amor al Padre Dios” el que
está siempre con nosotros en todos los momentos de
la vida.
Creo que Él está siempre en las cosas que hacemos
cada día. Cuando estás cuidando a un enfermo con todo
el cariño del mundo, 
ahí está Dios; cuando una persona
está triste y le escuchamos el motivo de su tristeza y le
damos ánimo y ayuda, 
ahí está Dios; cuando te hacen partícipe de sus alegrías, ahí está Dios; cuando les damos besos a nuestros hijos y nuestros nietos, ahí está Dios. Por eso yo creo que Dios está en la vida actuando a través de nosotros como mediadores.
Creo que Jesús es el mismo Dios que vino al mundo en
carne mortal y nos vino a decir que nos “levantemos” y empecemos a andar. Que no nos conformemos solo con
estar dentro de la Iglesia y saber que Dios nos perdona;
Jesús nos dice que tenemos que estar en la vida, llevar
su “Amor” a otras personas ayudándolas, escuchándolas, acompañándolas, llorando y riendo con ellas.
Creo que ese es el “Reino de Dios” del que tanto nos
habla Jesús.
Todo esto se puede ir haciendo, si escuchamos al
Espíritu de Dios que todos llevamos dentro.
El nos hace libres, para que nosotros decidamos qué
hacer con nuestras vidas, si queremos ser instrumento
suyo o no. Nos ha dado una conciencia (que yo digo
que es el Espíritu) la cual te hace discernir lo que es
bueno y lo que es malo (en nosotros está lo que
decidamos) si queremos estar con “Él” o no.
Esto es lo que yo he ido aprendiendo en todo este tiempo.
Estoy en un grupo  de personas que compartimos y
leemos el Nuevo Testamento y a través de él, vamos conociendo a Jesús, y esas vivencias de Él, las pasamos
a nuestras vidas.
He cambiado como persona y soy mucho más sensible
a las cosas que pasan en el mundo.
Estos grupos los tenemos en la Comunidad Parroquial
Virgen de Guadalupe de Cáceres.
Llevo años en el Grupo. Hay que ser constantes en leer, escuchar, preguntar qué significa esto o aquello,
compartir la vida, dar opiniones...
Estas reuniones semanales, me ayudan a seguir
caminando en la vida con ánimo y esperanza.     
 
E.P.

 

13/5/13

Jesús se aparece a los discípulos

Juan 20, 19-23
(Lc 24,36-49)
Aquel mismo primer día de la semana*, al anochecer, estaban reunidos los discípulos en una casa, con las puertas bien cerradas por miedo a los judíos. Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo:
— La paz esté con vosotros.
Dicho lo cual les enseñó las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús volvió a decirles:
— La paz esté con vosotros. Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros.
Sopló entonces sobre ellos y les dijo:
— Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar.
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Comentarios: José Antonio Pagola

NECESITADOS DE SALVACIÓN       

          El Espíritu Santo de Dios no es propiedad de la Iglesia. No pertenece en exclusiva a las religiones. Hemos de invocar su venida al mundo entero tan necesitado de salvación.
          Ven Espíritu creador de Dios. En tu mundo no hay paz. Tus hijos e hijas se matan de manera ciega y cruel. No sabemos resolver nuestros conflictos sin acudir a la fuerza destructora de las armas. Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo ensangrentado por las guerras. Despierta en nosotros el respeto a todo ser humano. Haznos constructores de paz. No nos abandones al poder del mal.
          Ven Espíritu liberador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas vivimos esclavos del dinero. Atrapados por un sistema que nos impide caminar juntos hacia un mundo más humano. Los poderosos son cada vez más ricos, los débiles cada vez más pobres. Libera en nosotros la fuerza para trabajar por un mundo más justo. Haznos más responsables y solidarios. No nos dejes en manos de nuestro egoísmo.
          Ven Espíritu renovador de Dios. La humanidad está rota y fragmentada. Una minoría de tus hijos e hijas disfrutamos de un bienestar que nos está deshumanizando cada vez más. Una mayoría inmensa muere de hambre, miseria y desnutrición. Entre nosotros crece la desigualdad y la exclusión social. Despierta en nosotros la compasión que lucha por la justicia. Enséñanos a defender siempre a los últimos. No nos dejes vivir con un corazón enfermo.
          Ven Espíritu consolador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas viven sin conocer el amor, el hogar o la amistad. Otros caminan perdidos y sin esperanza. No conocen una vida digna, solo la incertidumbre, el miedo o la depresión. Reaviva en nosotros la atención a los que viven sufriendo. Enséñanos a estar más cerca de quienes están más solos. Cúranos de la indiferencia.
          Ven Espíritu bueno de Dios. Muchos de tus hijos e hijas no conocen tu amor ni tu misericordia. Se alejan de Ti porque te tienen miedo. Nuestros jóvenes ya no saben hablar contigo. Tu nombre se va borrando en las conciencias. Despierta en nosotros la fe y la confianza en Ti. Haznos portadores de tu Buena Noticia. No nos dejes huérfanos.
          Ven Espíritu vivificador de Dios. Tus hijos e hijas no sabemos cuidar la vida. No acertamos a progresar sin destruir, no sabemos crecer sin acaparar. Estamos haciendo de tu mundo un lugar cada vez más inseguro y peligroso. En muchos va creciendo el miedo y se va apagando la esperanza. No sabemos hacia dónde nos dirigimos. Infunde en nosotros tu aliento creador. Haznos caminar hacia una vida más sana. No nos dejes solos. ¡Sálvanos!
José Antonio Pagola