9/10/12

CON JESÚS EN MEDIO DE LA CRISIS




http://www.diocesismalaga.es/images/albumes/fano/20070923.jpg            Antes de que se ponga en camino, un desconocido se acerca a Jesús corriendo. Al parecer, tiene prisa para resolver su problema: "¿Qué haré para heredar la vida eterna?". No le preocupan los problemas de esta vida. Es rico. Todo lo tiene resuelto.
          Jesús lo pone ante la Ley de Moisés. Curiosamente, no le recuerda los diez mandamientos, sino solo los que prohíben actuar contra el prójimo. El joven es un hombre bueno, observante fiel de la religión judía: "Todo eso lo he cumplido desde pequeño".
          Jesús se le queda mirando con cariño. Es admirable la vida de una persona que no ha hecho daño a nadie. Jesús lo quiere atraer ahora para que colabore con él en su proyecto de hacer un mundo más humano, y le hace una propuesta sorprendente: "Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres... y luego sígueme".         El rico posee muchas cosas, pero le falta lo único que permite seguir a Jesús de verdad. Es bueno, pero vive apegado a su dinero. Jesús le pide que renuncie a su riqueza y la ponga al servicio de los pobres. Solo compartiendo lo suyo con los necesitados, podrá seguir a Jesús colaborando en su proyecto.
          El joven se siente incapaz. Necesita bienestar. No tiene fuerzas para vivir sin su riqueza. Su dinero está por encima de todo. Renuncia a seguir a Jesús. Había venido corriendo entusiasmado hacia él. Ahora se aleja triste. No conocerá nunca la alegría de colaborar con Jesús.
          La crisis económica nos está invitando a los seguidores de Jesús a dar pasos hacia una vida más sobria, para compartir con los necesitados lo que tenemos y sencillamente no necesitamos para vivir con dignidad. Hemos de hacernos preguntas muy concretas si queremos seguir a Jesús en estos momentos.
          Lo primero es revisar nuestra relación con el dinero: ¿Qué hacer con nuestro dinero? ¿Para qué ahorrar? ¿En qué invertir? ¿Con quiénes compartir lo que no necesitamos? Luego revisar nuestro consumo para hacerlo más responsable y menos compulsivo y superfluo: ¿Qué compramos? ¿Dónde compramos? ¿Para qué compramos?
¿A quiénes podemos ayudar a comprar lo que necesitan?
          Son preguntas que nos hemos de hacer en el fondo de nuestra conciencia y también en nuestras familias, comunidades cristianas e instituciones de Iglesia. No haremos gestos heroicos, pero si damos pequeños pasos en esta dirección, conoceremos la alegría de seguir a Jesús contribuyendo a hacer la crisis de algunos un poco más humana y llevadera. Si no es así, nos sentiremos buenos cristianos, pero a nuestra religión le faltará alegría.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Trabaja por un mundo más humano. Pásalo.
14 de octubre de 2012
28 Tiempo ordinario (B)
Marcos 10, 17-30


5/10/12

IMPLICACIONES DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

A bombo y platillo se está usando el término de nueva evangelización como si ésta tarea comenzara de nuevo y como si esta fórmula fuera la solución para descristianización galopante que padece el viejo mundo. 
Es verdad que el cristianismo en Europa padece una esclerosis aguda, y como si la esencia del evangelio hubiera dejado de ser significativa para la inmensa mayoría de la gente. Ante esta realidad desde Roma se ha propuesto como una nueva medicina que ataje esta enfermedad, que resulta ya crónica. Pero existe el peligro de que esta fórmula se quede en más de lo mismo, sin que implique una verdadera reforma en el planteamiento pastoral de la evangelización. Para que esto no se dé habría que tener en cuenta unos cuantos aspectos. Señalo simplemente algunos: 

1) Ante todo hay que comprender que la sociedad española (por ceñirnos a lo más cercano) no es la misma que la que existía al terminar el Concilio Vaticano II. Cualquier estudio, por somero que sea, lo demuestra. Nos referimos a la totalidad de la sociedad en sus aspectos económicos sociales, políticos y religiosos. 
Hablar de evangelización sin hablar de la crisis económica y financiera que está produciendo más millones de pobres, me parece una bofetada a lo esencial del evangelio, que es, debe ser, una buena noticia para los pobres. 
Si no se asumen las distintas crisis que existen en el mundo, y que están condicionando fuertemente la vida de miles de millones de personas, el Evangelio no podrá ser luz y sal como nos anunciaba Jesús, y que el mismo Concilio lo asumió con estas palabras: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. 
Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. (GS 1) 

2) Igualmente, la teología desde el Concilio Vaticano II ha avanzado en cantidad de aspectos. Lo fundamental siempre es lo mismo, (Dios nos ha salvado en Jesucristo, iniciador del Reino, que potencia con su Espíritu a través de la Iglesia hasta la consumación de los tiempos) pero la forma de transmitir ese mensaje y el ropaje con el que se le vista ha cambiado y debe cambiar para poderse incrustar en los diversos pueblos, culturas y lenguajes existentes. 
Solo así podrá ser significativo el evangelio. El conocimiento de la Biblia y de los evangelios es ahora mucho más profundo que hace cincuenta años; y todo eso hay que tenerlo en cuenta para hacerlo más asequible al hombre de hoy. 

3) Hay que añadir igualmente la promoción del laicado. La nueva evangelización se hará por los laicos, o no se hará. 
Lo cual supone que el laicado, por el hecho de estar bautizado, tiene el derecho y el deber de evangelizar. Partimos de la afirmación, que es central en el concilio Vaticano II, de que los que formamos la Iglesia de Cristo, somos el pueblo de Dios, y por tanto, somos corresponsables de todas las tareas que la Iglesia tiene encomendadas en el mundo, incluida la evangelización. Es verdad que este gigante, que es el laicado, está dormido, pero hay que despertarlo, no solo con palabras, sino con hechos, dándole responsabilidades en todos los niveles dentro de la Iglesia. Por desgracia, gran parte de los fieles son indiferentes a la marcha de la misma Iglesia; por eso la tarea se vuelve mucho más difícil, ya que no es que falten vocaciones al sacerdocio ministerial, sino que, y es lo que es más sangrante, faltan vocaciones a la vida cristiana con todas sus consecuencias. Solo desde ahí podrán suscitarse otras vocaciones. 

4) Por último, creo que la Iglesia entera, incluida la Jerarquía, tendría que tener una palabra más profética ante todas las situaciones de injusticia fragantes que existen en el mundo, denunciando con pelos y señales las causas de las mismas. Es verdad que esto le acarrearía disgustos y quizás persecuciones a la misma Iglesia, pero así daría fehacientemente testimonio de la verdad evangélica. El no denunciar las injusticias es hacerse cómplice de las mismas. Varios teólogos han criticado la pasividad de las iglesias cristianas alemanas ante el avance del nazismo, admitiendo que quizás eso hubiera originado una persecución con veinte o treinta mil víctimas, pero se hubieran ahorrado más de sesenta millones de muertos que costó la segunda guerra mundial. 
Es verdad que hay muchos colectivos de cristianos que denuncian las situaciones injustas y trabajan con tesón por el bien de los más desfavorecidos, pero haría falta que el conjunto de los cristianos, incluida la jerarquía, dijera más palabras de denuncia y esperanza para que el evangelio de los pobres se hiciera más significativo. 

5) Termino con la definición que dio Fernando Urbina, gran teólogo educador de sacerdotes y laicos, de la evangelización: Evangelizar es anunciar y realizar la salvación de Jesucristo, que proclama y realiza el Reino de Dios. Reino de justicia, amor, libertad, paz y santidad. Reino de la comunión y reconciliación total del hombre con el hombre y del hombre con Dios.

Fernando Urbina: Pastoral y espiritualidad para el mundo moderno, Tomo II pág 31) 

Julián Díaz Lucio Agosto 2012 


1/10/12

CONTRA EL PODER DEL VARÓN





Los fariseos plantean a Jesús una pregunta para ponerlo a prueba. Esta vez no es una cuestión sin importancia, sino un hecho que hace sufrir mucho a las mujeres de Galilea y es motivo de vivas discusiones entre los seguidores de diversas escuelas rabínicas: "¿Le es lícito al varón divorciarse de su mujer?".
           No se trata del divorcio moderno que conocemos hoy, sino de la situación en que vivía la mujer judía dentro del matrimonio, controlado por el varón. Según la ley de Moisés, el marido podía romper el contrato matrimonial y expulsar de casa a su esposa. La mujer, por el contrario, sometida en todo al varón, no podía hacer lo mismo.
          La respuesta de Jesús sorprende a todos. No entra en las discusiones de los rabinos. Invita a descubrir el proyecto original de Dios, que está por encima de leyes y normas. Esta ley "machista", en concreto, se ha impuesto en el pueblo judío por la "dureza de corazón" de los varones que controlan a las mujeres y las someten a su voluntad.
          Jesús ahonda en el misterio original del ser humano. Dios "los ha creado varón y mujer". Los dos han sido creados en igualdad. Dios no ha creado al varón con poder sobre la mujer. No ha creado a la mujer sometida al varón. Entre varones y mujeres no ha de haber dominación por parte de nadie.
          Desde esta estructura original del ser humano, Jesús ofrece una visión del  matrimonio que va más allá de todo lo establecido por la "dureza de corazón" de los varones. Mujeres y varones se unirán para "ser una sola carne" e iniciar una vida compartida en la mutua entrega sin imposición ni sumisión.
          Este proyecto matrimonial es para Jesús la suprema expresión del amor humano. El varón no tiene derecho alguno a controlar a la mujer como si fuera su dueño. La mujer no ha de aceptar vivir sometida al varón. Es Dios mismo quien los atrae a vivir unidos por un amor libre y gratuito. Jesús concluye de manera rotunda: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el varón".
          Con esta posición, Jesús esta destruyendo de raíz el fundamento del patriarcado bajo todas sus formas de control, sometimiento e imposición del varón sobre la mujer. No solo en el matrimonio sino en cualquier institución civil o religiosa.
           Hemos de escuchar el mensaje de Jesús. No es posible abrir caminos al reino de Dios y su justicia sin luchar activamente contra el patriarcado. ¿Cuándo reaccionaremos en la Iglesia con energía evangélica contra tanto abuso, violencia y agresión del varón sobre la mujer? ¿Cuándo defenderemos a la mujer de la "dureza de corazón"  de los varones?

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Lucha contra el patriarcado siguiendo a Jesús. Pásalo.



7 de octubre de 2012
27 Tiempo ordinario (B)
Marcos 10,1-12