19/5/09

SIGNIFICADO DE LAS IMÁGENES RELIGIOSAS

Con frecuencia vemos a multitudes populares yendo a rezar o en procesión ante las imágenes de Cristo, de la Virgen María o de diversos santos. Y lo hacen con un fervor extraordinario. Y es tal imagen de la Virgen, tal Cristo concreto o tal santo el que atrae la devoción de la gente.
Pero me pregunto si las personas, al acudir a una imagen concreta, se quedan centradas en esa imagen, o si van más allá y la traspasan y tratan de conectar con la realidad misteriosa que estas imágenes representan.

Si se quedan en la pura imagen, hay algo defectuoso en esa práctica religiosa. Cualquier imagen de Jesucristo y de la Virgen es como una fotografía, siempre distorsionada, de lo que fue y es la realidad humano-divina de esos personajes.

Por eso, una imagen cualquiera de Jesucristo nos tiene que ayudar a traspasar esa imagen para encontrarnos vitalmente con el Jesús de Nazaret, que vive intensamente la unión con el Padre Dios y que se juega su vida en el compromiso por el Reino de verdad, de justicia, de amor y de paz.

Una imagen de la Virgen, aunque tenga muchas coronas, mantos y carrozas, nos tiene que ayudar a encontrarnos con María, la mujer sencilla y pobre de Nazaret, que tuvo la total disponibilidad interior para decir un SÍ rotundo a la acción de Dios en ella y a través de ella.

Las devociones populares son un valor que habrá que cuidar y proteger; pero también, muchas veces, habrá que ayudar a que las personas vayan a lo profundo del Misterio y del significado, porque de lo contrario se corre el peligro de caer en la superstición o la idolatría. Juan Pablo II ya habló de esto en El Rocío.

El Maestro Eckhart, teólogo, filósofo y místico (1260-1328), decía:
Hay gente que quiere ver a Dios con los mismos ojos con los que ve a su vaca, y quiere amarle como quiere a la vaca: la quiere porque le da leche y queso y le resulta provechosa. Lo mismo sucede con todos los que aman a Dios para alcanzar riqueza exterior o consuelo interior: los que aman así no aman a Dios, sino su propio provecho. (Citado por María TABUYO, Sal Terrae, marzo 2005, pág. 201)

Julián Díaz Lucio